El cuerpo amorfo que habita en mi cerebro

¡Acaba de sonar el reloj! como siempre tengo mucho sueño eso me pasa por  estar viendo películas hasta la madrugada pero qué más puedo hacer, no tengo novio, ni amigas, a duras pena un hermano que más bien parece mi enemigo, clase de joyita que es, pero mejor dejo de pensar tanto y me apresuro porque llegaré tarde a la universidad.

La verdad no sé qué usar, tengo que ocultar este cuerpo amorfo sin figura que por más dieta y ejercicios sigue igual de deformado, conseguí en mi desordenado guardarropa una sudadera negra con capucha perfecta porque me queda inmensa y nadie va a criticar este cuerpo amorfo.

¡Bien! esta sudadera me queda súper con este jeans ancho tipo boyfriend, ese es el nombre del modelo según he leído en las revistas de moda, disimula mis caderas anchas y mis piernas enormes de futbolista, un delineador en mis ojos negros y grandes, brillo en mis labios y estoy lista.

Rápidamente bajo a desayunar y lo primero que escucho «Lilian  monstruo, no es Halloween, tan espeluznante y amorfa como siempre», y tu tan amable como siempre respondo a la joyita de mi hermano que no hace más que criticar mi sobrepeso porque según mi madre él es el galán de la familia – Veo su desayuno, me apetece esa tocineta pero mejor me quedo con mi rebanada de jamón de pavo, sigo con la dieta de nunca acabar porque no veo resultados.

Definitivamente un día como todos, un clima fresco pero ni cuenta me doy de lo que ocurre a mi alrededor voy caminando hasta la parada del autobús con mi capucha puesta, así nadie me ve y yo no los veo, llego a la universidad, mentiría si  digo que alguien me molesta la verdad ni me toman en cuenta es como si no existiera, me siento en el mismo lugar de todos los días y escucho una voz, educada, amable y suave y me pregunta si está disponible el asiento justo a mi lado, subo mi cara y es una linda joven, sonríe y me dice nuevamente “hola” y le respondo si está disponible, se sienta y se instala a conversar, estoy desconcertada, nadie se acerca a mí, y la verdad no sé qué tanto habla solo la miro detalladamente, es una joven como yo, pero hermosa, delicada, risueña y amable como pocas.

El profesor no llegó y me invita a tomarnos una gaseosa, horrorizada respondo «no’ sonríe y me comenta:

-A mi me hace daño por la celulitis pero igual de vez en cuando la  tomo.

– No puedo creer que ese cuerpo tan esbelto tenga celulitis es lo que pasa por mi mente.

Pasaron las horas y compartimos algunas clases y ella a mi lado seguro porque es la nueva pero la verdad me hace sentir bien tener alguien que no me ignore, compartimos número de teléfono y cada quien para su casa. Llegue a casa, comí, fui al gimnasio y al regresar veo mi móvil y Lucia, la chica nueva de la universidad me había escrito para saludarme.

Han pasado varios meses y Lucia se ha vuelto mi única y mejor amiga,  pasa los fines de semana en casa y la joya de mi hermano se muere porque lo ayude con ella. Ambas compartimos nuestras historias me doy cuenta que ella es maravillosa, hermosa, podría estar con quien deseara pero le gusta estar sola, sin pareja, ama la libertad, detesta las dietas pero nada es perfecto, no vive como quisiera sus padres son sobreprotectores y yo me he convertido en su única amiga también.

Parece mentira tan diferente la gorda yo y la flaca ella, así le digo y se molesta insiste en que “mi cuerpo amorfo está solo en mi cerebro”.

Quisiera creerle pero me miro al espejo y no hago más que ver gordura, pero bueno la vida continua.

Decidimos salir a una disco y luego de pedir permiso desde hace 15 días, su papá accedió y le permitió que se quedara en casa. Acaba de llegar son las cinco de la tarde y pensé que saldríamos a las 11 de la noche, llegó cargada de un enorme estuche de maquillaje y nuevamente yo sin saber que usar, Lucia me ve mirando mi guardarropa y me sugiere que use una falda a la cadera color negra que es de cuerina con un cinturón plateado y una blusa blanca de seda con hombros descubiertos.

Me quejo, me niego, le grito “mi cuerpo es amorfo me veré ridícula”.

Lucia arruga la cara muy molesta y con voz firme me dice:

-El cuerpo amorfo habita en tu cerebro, eres hermosa pero te ves con el cerebro, no con tus ojos, con la idea que te formaste de ti al escuchar tantas veces al patán de tu hermano llamarte monstruo, empieza a formar tu propio concepto y mírate con el corazón.

No tuve tiempo para responder pero en mi mente dije quizás tenga razón y sin refutar use la ropa que me sugirió, y mis ojos miraron “mi cuerpo amorfo con amor”, me sentí hermosa, atrevida, sexy.

Lucia secó mi cabello e hizo unas ondas en las puntas, me maquilló con colores nude  y me sentí renacer, por ese instante olvide “el cuerpo amorfo que habita en mi cerebro” y empecé a creer que yo me lo había formado en mi cerebro, creí las palabras de mi única amiga, y las dos salimos, mi hermano no pudo llamarme monstruo como siempre porque era una mujer despampanante en ese momento.

Bailé como nunca, reí, disfruté, fui libre de mis temores e inseguirdades.

Ha pasado un año, seguimos siendo grandes amigas Lucía y yo, nos hemos prometido ser la madrina de bodas de cada una, pues ya yo tengo galán, se llama Douglas y lo conocí aquella noche en la disco, es que estaba despampanante.

Compartir con Lucía me ha abierto los ojos y no me creo lo positivo que ha sido este cambio para mí, ahora comprendo lo que dicen los libros de crecimiento personal sobre aquello de “rodearse de ´personas positivas”.

No puedo recordar cuantas veces me dije a mi misma cuerpo amorfo, pero menos puedo recordar las veces que Lucía me prohibía criticarme a mí misma, insistió en enseñarme:

“Tu cuerpo amorfo habita en tu cerebro, todo lo bueno está dentro de ti, mírate con el corazón, si no te ves con el corazón por más dietas y gimnasios siempre te verás amorfo porque así lo crees”.

Como suele decirme mi mamá “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”, este refrán combina con Lucía, durante este tiempo de amistad no ha hecho otra cosa que recordarme “tu cuerpo amorfo habita en tu cerebro, mírate con el corazón” finalmente esta mujer lo entendió.

Justo ahora me miro en el espejo y termino de retocarme el maquillaje, ya no uso esos jeans masculinos, ahora voy con mis pantalones pegados, y mis botas largas, mi cuerpo es perfecto, no tengo nada que ocultar, continuo mi dieta y ahora voy al gimnasio acompañada por mi mejor amiga, pero ya no es por mi supuesto exceso de peso, es porque decidí tomarlo como un estilo de vida saludable y así empecé a ver resultados. realmente nunca he estado gorda, era producto de mi imaginación.

Mientras camino, cada paso que doy lo hago con seguridad y confianza, al fin sonrío, y al fin tomo una gaseosa acompañada de mi mejor amiga sin horrorizarme ni sentir temor al sobrepeso, dejo que todo fluya y me disfruto lo que soy, lo que tengo, ya no hay más “cuerpo amorfo en mi cerebro”, finalmente entendí el poder de mi mente y en lugar de recordarme mis defectos, aplaudo cada uno de mis logros y avances, siento que he renacido soy una nueva Lilian.

Publicado por Mundo Styvalee

Madre. Comunicadora Social. Escritora. Gimnasta, aficionada del fitness Emprendedora. Motivadora. Feminista. Autora de Mundo Styvalee.

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